miércoles, 23 de abril de 2014

Espectáculo

Estaban las bombillas incandescentes decorando el borde del escenario, el ambiente era vacío a pesar del simulacro de brillo que emitían las cámaras y la persona que sentada tenía a mi lado, con piel de goma y cabello de cera le parecía fatigada la sonrisa, que por cierto me parecía perturbadora, pero más me parecían perturbadoras las risas grabadas vomitadas por los parlantes e incluso yo misma por estar sentada, justo al lado del hombre de goma, en esa silla que sentía en mis dedos cuando acariciaba su rojo terciopelo, era lo único que en ese momento me volvía a traer a la realidad; quedarse pegada mirando el vacío era una tarea fácil de hacer para mi. 
Las cámaras y los focos me apuntaban, la luz por fin se torna verde, el hombre cruje y sale de su posición inmóvil acercando el micrófono, y es en ese preciso momento cuando veo las agujas a centímetros de mi, listas para ser ensartadas en mi cuerpo, son las miradas de cientos de imaginarios en las butacas. Miro hacia abajo, que estoy haciendo aquí, sáquenme de aquí, que manera de morir, quiero morir, no quiero morir. Yo aún tengo sentimientos, aún tengo piel en mis manos, aunque ya no siento los pies. 
Volteo hacia arriba, bella para las cámaras, labios carmesí y pestañas pesadas que coronan unos ojos soñadores, ¡que gracia! toda repuesta ya tengo el micrófono lo suficientemente cerca para responder la pregunta
de los mil arpones: Mis sueños...
"La paz mundial"
Efervescencia en las butacas

lunes, 21 de abril de 2014

Indiferencia

Incluso tus insultos y tus hilados juicios me hacen enmarañar mi pelo y comprimir una risa en las comisuras. Ándate, por favor ándate y no me recuerdes lo interesante que me eres. Adiós con el orgullo.