Las cámaras y los focos me apuntaban, la luz por fin se torna verde, el hombre cruje y sale de su posición inmóvil acercando el micrófono, y es en ese preciso momento cuando veo las agujas a centímetros de mi, listas para ser ensartadas en mi cuerpo, son las miradas de cientos de imaginarios en las butacas. Miro hacia abajo, que estoy haciendo aquí, sáquenme de aquí, que manera de morir, quiero morir, no quiero morir. Yo aún tengo sentimientos, aún tengo piel en mis manos, aunque ya no siento los pies.
miércoles, 23 de abril de 2014
Espectáculo
Estaban las bombillas incandescentes decorando el borde del escenario, el ambiente era vacío a pesar del simulacro de brillo que emitían las cámaras y la persona que sentada tenía a mi lado, con piel de goma y cabello de cera le parecía fatigada la sonrisa, que por cierto me parecía perturbadora, pero más me parecían perturbadoras las risas grabadas vomitadas por los parlantes e incluso yo misma por estar sentada, justo al lado del hombre de goma, en esa silla que sentía en mis dedos cuando acariciaba su rojo terciopelo, era lo único que en ese momento me volvía a traer a la realidad; quedarse pegada mirando el vacío era una tarea fácil de hacer para mi.
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